Me miro al espejo y veo como todo ha cambiado, ahora
somos nosotras quien estamos haciendo grandes cambios, muchos de estos se ven
reflejados en nosotras las mujeres. Es claro que como los hombres van a la
guerra, las mujeres debemos ocupar sus lugares en la industria y el
comercio. Esto nos obligó a un cambio en el vestido, ninguna quiere ir en
vestido al trabajo. Empecé a usar pantalones y overoles, aunque no dejaba
de usar mi vestido drapeado que aún en 1939, mas de una mujer lo sigue
vistiendo y sin mentir, cada vez que lo llevo puesto y me veo al espejo, me dan
ganas de poner en mis labios un poco de aquel labial rojo que siempre me
encantó y me hizo sentir deseada.
Con
los meses las mujeres fuimos protagonistas en conflictos previos tanto en las
guerras revolucionarias, como en la guerra de la independencia. Al igual que
los hombres, sufríamos los mismos peligros en combate ya sea en la Armada, la
Fuerza Aérea y en la Marina. Y si es cierto que las mujeres dejamos de ser
mujeres, pero nunca dejamos de ser glamurosas y aunque nunca mas volví a tener
la sensación de sentirme la mujer mas linda como me pasa cuando usaba mi
vestido blanco, me gustaba ocupar este rol, como la mujer fuerte y luchadora.
Lo que mas amaba era la fuerza que las mujeres
estábamos cogiendo a nivel mundial, las nuevas siluetas libres, la
transformación de los trajes de hombre en trajes estilo sastre para mujeres,
cómodos ante todo y esa imagen de fantasía visual de liberación que se
asemejaba más al hombre.






