miércoles, 17 de septiembre de 2014

El baile de los 400



Los Astor la familia histórica de la ciudad de nueva york, llena de una variada mezcla de habitantes que reflejan la rica herencia cultural de las tierras nativas. Por su gran reconocimiento la señora Astor aprovechando que era de la elite social empezó con 400 nombres actuales a su época, todo inicia como un bendito capricho y así mismo como una diversión editorial donde se nombraban las personas más activas en la vida social de Nueva York.

Después de tres meses de hacer la larga lista, se lanza a la prensa en 1892, con entusiasmo la alta alcurnia respondió al artículo y al gran baile.

Entrada principal y a primera vista el hotel lujoso de la familia. La banda principal tocando música indie rock con un poco de Beethoven al fondo, la llegada al salón  con un tapete rojo y ventanales inmensos donde se veía el fondo del salón; copas de champagne servidas por todo lado, entraban los invitados y la familia Astor los recibían uno a uno con un duro y estrechón de mano agradeciendo su asistencia.


Cuando de repente una niña de moño rojo que estaba mirando con cara malgeniada. La niña del moño se le acerca a otra niña que esta en la fiesta y le dice que es la hija de los Astor, la otra niña no le cree mucho pero a Luciana le causa un poco de gracia y le dice q le acompañe a su lugar favorito; caminan, luego suben las escaleras y se sientan en el suelo y sus pies colgando, empiezan a detallar los vestidos de cada una delas damas (los hombres poco importaban). ..ija de dice q le acompañe a su lugar favorito, es ahi Los vestidos con pliegues lisos, algo de encaje e hilos dorados que se confunden con  la belleza  de los brocados y claramente el brillo que se notabanen el movimiento al bailar. El furor de la época, los colores pastel y algunos rojos fueron los que se destacaron en el baile, asi lo decidio Luciana.

El pavo triste



La tarde divina, sol infinito y el cielo azul oscuro. Frio a medias y la sensación de impotencia que me invade lentamente, como un toque mágico que me llenaba de recuerdos de el.
El pavo triste, se llamaba Lorenzo, estaba sentado encima de una placa de 1909 publicada por Vogue en la calle 24 de Nueva york. Lorenzo decía, época de los grandes desafíos de moda con los del otro lado del mundo (sobretodo con Francia), pero que nada superaba Nueva York  con la nueva silueta de la mujer, el abandono de corsé como una prenda indispensable de las mujeres de moda. Enormes, sombreros fueron usados ​​a mediados de la década, adornado con gigantes plumas –algunas parecidas a las mías, decía- eso le aterrorizaba pero al segundo se calmaba, en otras ocasiones veo pájaros disecados pero solo ocasionalmente, ¡menos mal! Y como de costumbre decorados con cintas y flores artificiales.

Cae la noche y Lorenzo ya viejo y cansado así el diga que sus plumas llenas de colores y brillantes lo hacen ver joven pero físicamente agotado, mas sin embargo sigue en su placa solo se mueve de ahí cuando quiero tomar agua o comer y claramente yo de esas tantas veces que a el le da hambre le llevaba uno que otro gusanito; le gustaban medio gorditos y que que tuvieran un aspecto baboso, decía que entre mas babosos mas exquisitos, lo que para mi resulta ser asqueroso.

Lorenzo seguía apreciando cada silueta, era lo que mas amaba hacer y yo era feliz escuchando cada apreciación hacia la mujer, me encantaba reír con el, mirarlo de cerca y ver sus ojitos que brillaban cuando pasaba un vestido largo con mucho movimiento. Cada vez que pienso en el sonrió, aunque ni yo me lo creo me enamore de Lorenzo, los días lluviosos pero para mi soleados junto a el y ahora que no esta solo vivo recordando la dulzura de sus ojos, su ironía, su soberbia y la impotencia que me llena lentamente y poco a poco me mata para encontrarnos…