El 10 de octubre de 1915, mi día de descanso aislada
donde la tierra es árida y del campo laboral, tomando un refresco que entumece lentamente mis labios, escucho los
ruidos que vienen desde el cielo azul y en cuanto recuerdo a mi esposo en el
fondo de mi corazón escucho los campos de batallas, la tranquilidad se revuelve
con el miedo de perderlo; ¡claro! esto venia sucediendo cada vez que entraba en
la mañana a trabajar, la parte textil es lo que mas me gusta y no puedo negar
que me hace feliz sentirme útil viendo como ha ido creciendo de manera
espectacular este sector dada la necesidad de uniformes militares, pero a su
vez tengo un sentimiento extraño que adormece mis manos y corazón, esto impide
que siga mi tarea laboral y empiezo a recordar sus caricias y su amor derramado
en mi aunque en algunos momentos me sentía presa.
Veo pasar las nuevas solteras, las mujeres parecían estar peinadas con
vaselina durante tres días, pelo sedoso y todito en su puesto. Verlas pasar me
daba un fresco, un poco mas frio del que sentía cuando pasaba mi refresco, pues
que mas podía hacer mi esposo esta lejos, laboro me ocupo de mi, de mis
necesidades y mis tiempos libres en verdad me siento libre.
Me siento fuerte y capaz aunque su recuerdo
me llene de miedos absurdos, veo como a poco nosotros nos hacemos mas fuertes,
aunque cansadas no lo puedo negar, asumir toda la responsabilidad de casa no es
fácil… jajajajaja. empieza La banda que toca en el atrio de la iglesia mientras
las nuevas solteras salen y yo sigo sentada ordenando otro refresco que
refresque mi corazón.

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