miércoles, 26 de noviembre de 2014

De la mano del refresco




El 10 de octubre de 1915, mi día de descanso aislada donde la tierra es árida y del campo laboral, tomando un refresco que  entumece lentamente mis labios, escucho los ruidos que vienen desde el cielo azul y en cuanto recuerdo a mi esposo en el fondo de mi corazón escucho los campos de batallas, la tranquilidad se revuelve con el miedo de perderlo; ¡claro! esto venia sucediendo cada vez que entraba en la mañana a trabajar, la parte textil es lo que mas me gusta y no puedo negar que me hace feliz sentirme útil viendo como ha ido creciendo de manera espectacular este sector dada la necesidad de uniformes militares, pero a su vez tengo un sentimiento extraño que adormece mis manos y corazón, esto impide que siga mi tarea laboral y empiezo a recordar sus caricias y su amor derramado en mi aunque en algunos momentos me sentía presa.  
Veo pasar las nuevas solteras, las mujeres parecían estar peinadas con vaselina durante tres días, pelo sedoso y todito en su puesto. Verlas pasar me daba un fresco, un poco mas frio del que sentía cuando pasaba mi refresco, pues que mas podía hacer mi esposo esta lejos, laboro me ocupo de mi, de mis necesidades y mis tiempos libres en verdad me siento libre.

Me siento fuerte y capaz aunque su recuerdo me llene de miedos absurdos, veo como a poco nosotros nos hacemos mas fuertes, aunque cansadas no lo puedo negar, asumir toda la responsabilidad de casa no es fácil… jajajajaja. empieza La banda que toca en el atrio de la iglesia mientras las nuevas solteras salen y yo sigo sentada ordenando otro refresco que refresque mi corazón.

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